jueves, 17 de mayo de 2012
Hoy no tengo nada que contar
viernes, 27 de abril de 2012
El Abuelo Vicent III
Yo insistí que además de no ser tan joven, me interesaba especialmente su visión de la vida. Claro: entendí lo de joven puesto que el, es mas de 30 años mayor que yo, que se dice pronto.
Me decía que poco a poco fuimos progresando. Eso si a puro de trabajar. Tanto, que no se tenían horas. Bueno si. Apuntaba. Creo que en las fábricas la jornada era de 48 horas a la semana. Si querían hacer lo que decíamos “semana inglesa” era normal hacer 10 horas diarias, y además trabajar sábados por la mañana. Los sueldos no estaban ni de lejos como en los últimos años, comparativamente claro, además existía la posibilidad de trabajar en la modalidad de “destajo” que luego se perdió por completo. Ahora parece ser que la cosa ha vuelto a cambiar. Unos años atrás el que ganaba 1000 euros al mes le llamaban mileurista de manera despectiva. Hoy, por lo que se, ganar 1000 euros es todo un privilegio. Una prueba más que nosotros con nuestras leyes, y nuestros vicios, somos capaces de cambiar las cosas, que no quieren decir, ni valen lo mismo, según los tiempos que corren, o quien nos gobierna. Tampoco es nuevo, siempre ha sido así.

A principios de los 60 tuvieron que levantar la mano y dejaron pasar por alto cosas como utilizar el bikini en la playa. Los extranjeros venias y se dejaban buenos cuartos y empezaron a permitirles a ellos lo que jamás nos habían permitido a los “nativos”. Así pues entonces fue cuando se creo el mito, que África empezaba en los pirineos. Los extranjeros venían aquí a gastarse el dinero en vacaciones y a disfrutar del sol, de las tapas, y de trasnochar. Todo esto en su país no lo podían hacer. Aun hoy España sigue siendo el basurero de Europa, y algunas agencias de viajes, programan fines de semana es España donde el sexo, las drogas, y el alcohol, son su mayor atractivo. Harto estoy de verlo por la “tele” gente de despedida de soltero en Ibiza, borrachos o drogados. También en Benidorm, y últimamente Salou son objetivo de este tipo de turismo. Siempre qué las noticias sean verdaderas, si lo son, España sigue siendo el “corralito” de Europa, nos consideran como a un país tercermundista y así nos va. Toda esta gente que ves tan pasados en estas fiestas, en lunes vuelve a su país, se pone su traje y su corbata, y son honrados banqueros, funcionarios, o hasta políticos Para mi Gentuza, que vienen aquí a defecar y no tiran de la cadena. Pero bueno, supongo que también será culpa nuestra que siempre hemos vivido un poco de la caridad de Europa, y ahora mas que nunca. Después. Al revés, cuando los españoles salimos somos paletos…
domingo, 22 de abril de 2012
El Abuelo Vicent II
Un grupo de amigas, y amigos que en aquella época y hartos de trabajar lo que mas les atraía era el baile con aquellas orquestas que tocaban canciones de Glenn Miller o Benny Goodman auténticos ídolos de los años cuarenta, y cuya música hacia bailar aquella juventud que como todos los jóvenes, se sentían inquietos y con ganas de vivir. Y de bailar, cosa que asegura el abuelo Vicent se le daba muy bien.
Pero como he dicho el tiempo no daba tregua y el abuelo Vicent se fue ha hacer el servicio militar. Me contaba que tuvo mala suerte le toco en Mahon y casi no vino en toda la mili. Tres años de mili al final de la 2ª guerra mundial que le hicieron recordar de nuevo cuando el era pequeño. Me contaba que recordaba unos barcos de nacionalidad Italiana que se refugiaron en el puerto huyendo de los aliados. Y que a los marineros mucho más jóvenes que ellos, casi niños, les dieron una seria de privilegios que ellos siendo soldados de España, no tenían. Ellos pasaban hambre mientras que los soldados Italianos, les sobraba la comida. Otra cosa que aun dice no entender después de tantos años. Un buen día y como por arte de magia, los soldados Italianos desaparecieron. Unos decían que los habían hecho presos. Otros que habían vuelto a Italia. El caso es que no estaban y aquellos Barcos quedaron allí en el puerto como un testigo mudo de otra “machada” de algún loco. De lo que había sucedido en Europa y que nosotros, la verdad casi ni nos enteramos. La única diferencia es que los barcos ahora estaban atados por gruesas cadenas con unos candados además de las “maromas”. Pasado un tiempo vinieron mas barcos, ahora Ingleses, y sin entrar a puerto fondeados a la entrada, unos soldados se desplazaban en barcazas, y se encargaban de desmontar todas las armas de los barcos Italianos. Allí no había horario, y muchas veces al pasar por delante, nosotros de paseo, los veíamos con potentes sopletes de corte. No tuvimos ningún trato con ellos, no cruzamos una palabra, solo alguna mirada. Una vez todo desmontado los vimos alejarse por el horizonte remolcados por los barcos Ingleses. Y ahí. Casi coincidiendo con ese hecho, acabo mi mili. Decía el abuelo Vicent.
Después de la mili España seguía avanzando a paso lento y cansino. Desde el resto del mundo no nos llegaba nada. No se si como boicot a nuestro régimen político. O que quizá el resto de Europa tampoco estaba para mandar nada, es algo que tampoco he tenido nunca claro. Afirmaba el abuelo Vicent
Se empezaba a ver alguna moto. Rodaban algunas BSA provenientes del ejercito Ingles, y alguna BMW del ejercito Alemán. También rodaban las Sanglas, y mas tarde las Villof y otras motocicletas fabricadas de manera artesanal en todas las regiones de este país. Los chasis eran verdaderas obras de arte pues al no tener acero. Se las ingeniaban como podían, fundiendo otras cosas e incluso de “chapa” enrollada. Con el tiempo y el motor Hispano Villers adelantaron bastante, y aun que el motor era común para muchas marcas España llego a tener muchas motocicletas de fabricación propia, aun que algunos fabricantes apenas fabricaron 50 unidades.
Con todo esto yo me compre una Moto Guzzi Hispania 65 y me monte en la modernidad. Aun seguía utilizando el carro para tareas agrícolas y para transportar naranja desde el campo hasta el almacén donde le exportaban, era mi medio de vida aun que a veces también como antes de la mili servia de vehiculo para la pandilla.Fui de los que se casaron mayores para mi época, pero al final llego. Llego la novia, y posteriormente la boda con 29 años. Después de casado Las cosas seguían difíciles. Me fui a vivir a casa de la suegra por que mi mujer era hija única, y seguía trabajando y al terminar la jornada tenia que ir al huerto de la familia a cuidarlo y cultivar algunas hortalizas para casa. En aquel tiempo hice de todo trabaje en la recolección de naranjas, que a veces cambiaba por picar piedra, en la transformación de nuevas fincas de regadío, todo dependía como se pagara, y la necesidad del momento. También anduve un tiempo con una empresa de Valencia haciendo prospecciones para pozos de riego, pero además que no se pagaba muy bien, era un trabajo tremendamente aburrido y de muchas horas,
Así trascurrió mi vida. Decía el abuelo Vicent. Ahora a mi edad parece que fue ayer. Todo paso alegrías y penas, que poco, a poco se fueron convirtiendo en recuerdos, y por supuesto que algo aprendimos de todo aquello. Nunca trabaje en ninguna fábrica cuando todos se pegaban por ir. Siempre fui persona de “aire libre” y siempre repetí que si naciera un millón de veces. Un millón de veces seria agricultor. Frase que mis hijos me reprochan cada vez que la digo.
Los hijos también merecen un capitulo aparte. Tengo tres todos casados y algunos con nietos. Es decir biznietos míos. El que más problemas me dio fue el mayor. Aun estaban las cosas difíciles cuando vio al mundo, y además tuvo una infancia un poco delicada en cuanto a salud se refiere. El más pequeño sin embargo creció fuerte, sano y bien alimentado. Parece mentira en esos pocos años lo que cambio la vida. En aquel periodo que empecé a tener hijos por la falta de una seguridad en el trabajo decidí ir a pedir trabajo en un pantano cercano que estaban construyendo. El pantano es una obra de ingeniería envidiable. Aun hoy esta como el primer día. Es algo a caballo entre una obra hidráulica. Y una pirámide egipcia con piedra tallada milimétricamente en su presa.
Me dio muy mala impresión ver la manera en que se trabajaba allí. Aun que tenían mucha maquinaria desconocida para mi, trabajaban duro durante muchas horas. Había un grupo de gente que se llevaba la peor parte. Luego unos años después me entere que eran presos políticos haciendo trabajos forzados. Todo esto 20 años después de que acabara la guerra civil. Estas circunstancias de trabajo no me gustaron, aun que como he dicho en su momento no sabía que eran presos, así es que no me decidí ni siquiera a hablar con el encargado.
jueves, 19 de abril de 2012
El Abuelo Vicent I
Recuerda que la parte sur de su pueblo por donde entro al acabar aquella guerra, que él tacha de guerra de locos, estaba llena de escombros, No sabe precisar si eran de casas caídas. Pero recuerda perfectamente que las casas estaban todas atravesadas por agujeros que pasaban de una a otra, y que los soldados habían hecho para entrar en el pueblo sin ser vistos, o quizás para refugiarse del fuego enemigo. Otra palabra absurda. Según el Abuelo Vicent. ¿Enemigo de quien? ¿Enemigo el Vecino? Hay cosas que confiesa que ni siquiera aun hoy, después de tantos años y con su edad, llega a comprender.
Cuando llego a una casa que le dijeron era la suya, fue todo un descubrimiento, no la conocía, o no se acordaba. Me contaba que lo que mas le intrigo fue subir las escaleras por que del campo, de donde venían, las casitas de aperos eran todas de planta baja. La cocina, el establo, el patio, y un granero encima hecho para guardar las hortalizas que podían, para pasar el invierno. Todo era nuevo para el. Recuerda a su madre llorar y a su padre triste. En la casa apenas quedaba nada, la habían saqueado. Apenas unas sillas y prendas de ropa hechas jirones, junto con excrementos, y otros desechos, se encontraban por toda la casa. Parece ser que allí unos soldados tuvieron su “cuartel” durante un tiempo. Arriba en el granero se encontró algunas balas, junto con una careta antigas. También había un machete, que su padre le llamo bayoneta, y un bidón pequeño. De los que llevaban en zurrón el ejército alemán para guardar la munición. Todo este pequeño tesoro del horror, aun asegura el abuelo Vicent, que esta guardado por su casa en algún sitio.
El tiempo fue pasando y fue duro, Después de unos días de ordenar la casa, limpiar, y recoger algunos muebles, que familiares y amigos les daban, se instalaron en casa. Siendo un niño recuerda que iba cada día a un huerto propiedad de su padre a ayudar las tareas del campo se comía de lo que se sembraba, no había mas, el pan era de maíz y parecía de serrín. No paso mucho que se reanudaron las clases, y su padre le obligo ir a la escuela. También fue duro por que compaginaba la escuela, con el trabajo en el campo, y apenas supo leer y escribir, su padre se hizo con un carro y tres caballos y pronto se vio abocado a la carretera, Con trece años, el abuelo Vicent. Entonces el niño Vicent. Marchaba cargado de naranjas a más de cien kilómetros de su pueblo. Imaginaros eran tres jornadas o más de viaje, de ida. Y otras tres de vuelta, haciendo noche en las hospederías del camino. Me comentaba que en ese tiempo vio de todo salía al amanecer con dos caballos de enganche, y uno de refresco detrás, que solo enganchaba en las cuestas cuando había que tirar de verdad. Con muy poca luz aun, a veces veía que los caballos resoplaban y se escoraban a un lado del camino. Era una muestra evidente que en la cuneta había alguien. Pero no era alguien vivo. Era alguien que apenas hacia unas horas que habían ajusticiado y lo habían dejado en la cuneta. A veces era uno. Otras más. Hasta 7 llego a ver. Eran los restos de una guerra estúpida, y que alguien se empeño en crear vencedores y vencidos, cuando realmente perdimos todos creando odio entre hermanos. Una estupidez que ahora algunos se empeñan en defender de nuevo, Clasificando muertos. Algunos aun se encuentran en las cunetas donde el abuelo Vicent los vio, mientras que otros. Sus nombres figuran aun en alguna placa a la puerta de alguna iglesia. Que tendrán que ver si son muertos. Es que nunca vamos aprender.
Aquello duro algún tiempo, a veces cuando bajaba procuraba no hacerlo nunca de vacío. Traía cáscara de almendra, cañas, y siempre que podía, metía harina o aceite escondido. Era tiempo de “estraperlo” Muchas fueron las veces que me pararon, contaba…
Al principio soldados, luego la guardia civil. Nunca tuve problemas, nunca me registraron. Aun que si que vi dar alguna paliza a hombres hechos y derechos por llevar un “pellejo” de aceite en la bicicleta. Después de darle una paliza allí misma donde se ensañaban, se lo llevaban al cuartelillo. No pensaban que podía tener una mujer y unos hijos esperándole, y quizás con aquella acción no solo les quitaba el sustento, si no también el padre a unos hijos, y el marido a una mujer. Pero era igual era enemigo de la patria ¿de que patria? Yo como era un niño de catorce años resultaba gracioso y a veces hasta bromeaban conmigo. Yo me hacia el tonto y les dejaba que se burlaran de mi. Lo importante era que no metieran la mano entre las cañas que llevaba en el carro.
Conforme se fueron normalizando las cosas, seguía el Abuelo Vicent, se acabo el transporte. Mi padre logro vender dos caballos para tareas agrícolas, y solo nos quedamos con uno. Con este me dedicaba a labrar campos, y demás tareas propias de la agricultura. Era habitual en aquellas fechas, encontrar algún proyectil en el campo labrando, y lo vendía. Así es, que viendo que ahí podía sacar dinero, junto con un amigo mió, ya fallecido, en cuanto podíamos nos íbamos a las trincheras a buscar balas. La verdad es que se pagaban bien y si encontrabas algún nido de ametralladoras con el latón que había en el suelo, en diez minutos te habías sacado un sobresueldo. Lo malo de este tema es que había trincheras donde no se había vuelto desde la guerra y a veces te encontrabas con algún cadáver. Bueno o lo que quedaba de el. Otras veces veías montones de piedras donde los mismos compañeros habían enterrado a sus muertos antes de marcharse, incluso una vez vimos en medio de la montaña una señora muy arreglada, de capital, que andaba con dos personas contratadas, desenterrando restos, y una tercera persona miraba la dentadura. Era el dentista de su hijo, el cual jamás apareció después de la contienda, y que la señora, como toda madre buscaba con desesperación sin saber siquiera si estaba allí, aun que según nos contó por allí andaba la ultima vez que supo de el. Fueron días muy duros pero la cartilla de racionamiento daba para poco y había que sacar de donde fuera. Poco alimentados nos tocaba trabajar de sol a sol. Es lo que me toco vivir, concluia el abuelo Vicent
viernes, 9 de marzo de 2012
Señales Divinas

Muchas han sido las cosas que hemos recordado. También hemos hablado de la gente que por aquel entonces trabajaba en aquella empresa, y que alguna por circunstancias de la vida ya nos dejo. También me ha recordado, todo lo que hacia, el en su juventud, y que yo me veía obligado a ponerle freno, en mas de una ocasión. El tiempo que hemos estado hablando nos ha pasado volando, pero a el su trabajo actual le reclamaba y estaba claro que un momento determinado deberíamos acabar la conversación.
Estando animadamente charlando en un cruce, se para en el semáforo un autobús y suena un claxon. Era el autobús que hace la línea desde la población de este chico, con la capital. Mi sorpresa ha sido al ver el conductor. Otro chico que también trabajó conmigo, y que dejo la empresa después que yo. Por la ventanilla nos ha dicho. -Bajaría pero no puedo. El semáforo se ha puesto verde, y con otro toque de claxon se ha ido mientras nos saludaba con la mano.
El conductor del autobús curiosamente es de la misma población que mi interlocutor. Yo desconocía que tuviera carné pasa conducir autobuses por eso ha sido aun mayor mi sorpresa. A este ultimo hace menos que le vi, puesto que ya he contado que me fui yo antes de la empresa. No obstante el vivir en una población vecina que no frecuento hace que tampoco le hubiera vuelto a ver hasta hoy.
Hemos seguido con la charla y me ha dicho que los motivos por los cuales, el actual conductor del autobús se fue de la empresa, fueron que le exigieron demasiado. Era un tipo que tenia un puesto de alguna responsabilidad, con gente a su cargo. Llegaron los primeros recortes y le fueron quitando personal de su sección, obligándose el, a ir también a veces en sábado y domingo, para asi suplir con horas la falta de personal y poder sacar el trabajo adelante. Tanto apuraron que al final, además de responsable era el brazo ejecutor del trabajo de su sección, por que apenas le dejaron personal, con lo que se vio agobiado y después de algunas diferencias con la dirección de la empresa lo dejo.
Cuando nos hemos despedido estábamos totalmente actualizados de la situación de cada uno de nosotros, y naturalmente con un montón de recuerdos en la mente de una época que no se si fue mejor, o peor. Pero desde luego fue diferente.
No se si existen la señales divinas. Pero si existen sin lugar a dudas esta es una de ellas Quizás me quiera decir algo el destino. En cualquier caso siempre resulta gratifícate un acontecimiento así, que me hace enfrentarme al día con un humor, y una visión de lo cotidiano diferente. Si desde luego es una señal y algo tiene que ocurrir aquí estaré para escribirlo.
lunes, 2 de enero de 2012
El Extraño Viaje (desenlace)
Me Salí un poco del guión, y me estaba tomando un vasito de tinto. Pensaba que me reconfortaría, además que con la carne va bien, y no había visto ni un control. Ni siquiera un Guardia Civil desde que había salido de casa. No quise comer aprisa., ya me era igual. Posiblemente llegaría a Soria el año que viene,
Nunca había parado tanto en un viaje a Soria. Cuando iba con el coche solía hacerlo una vez para estirar las piernas, claro que esta vez las circunstancias eran distintas.
Me tome el postre del menú nocturno. Un flan de huevo. Al café casi mecánicamente sacaron un platito con unos polvorones, la poca luz del local y los adornos navideños dejaban aquel restaurante de carretera anclado en el pasado, finales de los 70 quizás. Parecía que estaba viviendo en otro tiempo. Una realidad paralela
Después de relajarme un rato pedí la cuenta. Todo un lujo, pagué con dinero, y aun me sobro de lo que llevaba en metálico. Un segundo café en la barra me ayudaba a mentalizarme para salir de nuevo al frió de la noche con la moto.
En la calle volví a mirar al firmamento para actualizar la imagen que tenia retenida. Los astros habían cambiado de posición, pero seguían brillando más si cabe. Los “luceros” estaban ahí ayer, y el año pasado. Y seguirían estando mañana, y el año que viene. Que más da si el tiempo es un invento del hombre.
Recién cenado, parecía sentir menos el frió, así pues momentáneamente reconfortado y antes de empezar mi marcha di un vistazo al depósito de gasolina, mi moto no lleva “chivato” y no quisiera quedarme tirado en mitad de la noche.
Arranque de nuevo y estaba tan cerca del desvió que enseguida me vi rumbo a Calatayud. Es una carretera con buen firme y ancha, pero solo con un carril para cada dirección. En esta carretera es difícil encontrar algún vehiculo, por lo que tratándose de la hora, y la fecha que era, esta vez mas que difícil seria imposible.
La oscuridad de la noche se podía cortar con un cuchillo y aunque las rayas de la carretera respondían muy bien a la luz, que diferente es viajar en moto.
Mi cabeza no para de pensar, de imaginar, mientras el sórdido ruido de la moto llega amortiguado hasta mis oídos a través del casco, sonando como un zumbido monótono.
Todo esto no ocurre con el coche, te pones la radio y la calefacción y es otra cosa, pero claro la moto es la moto y los que la amamos sabemos lo que se siente, por otra parte la ventaja es que es mucho mas difícil quedarse dormido conduciendo.
El velocímetro pasa un poco de 100 kmh, se que estoy infringiendo la ley pero creo que quizá no sea cierto ya que los velocímetros siempre van un poco adelantados, además no es excesivo para la hora ni el lugar. Por esta carretera atravieso algún pueblo, alguno muy pequeño. Pueblos que parecen fantasmas, ni una luz en las ventanas ni nadie en sus calles.
Estoy a punto de salir de Calatayud, y me paro en una gasolinera a llenar el depósito de nuevo por si acaso. Me meto en la tienda a coger un botellín de agua, me lo pide la cena. Junto al dependiente un guardia de seguridad que me mira perplejo, es la última etapa de viaje, un tramo muy parecido al último que he recorrido, pero ya entre llanuras, y con una vía de ferrocarril estrecha, ya en desuso, que discurre paralela, y que me acompañara hasta el final de mi recorrido.
Llego a mi destino rozando las 00 horas del día 1 de enero. Cojo la carretera de Zaragoza donde a unos 3 kilometra antes de llegar a Soria, se encuentra un hotel conocido para mí. En este hotel ya he estado varias veces con la familia, y ahí voy. Delante: Al otro ladode la carretera de Zaragoza un complejo con restaurante y discoteca. Hasta las puertas de hotel llegan los gritos, la música, y la algarabía propias de un fin de año. En recepción dos personas de cara al televisor, se comen las dos últimas uvas. Al volverse me ven con el casco en la mano y su caras parecen haber visto un fantasma. Les pido si por favor es posible pasar la noche. O lo que queda de ella. Al mirar en el ordenador me dicen que si. La sorpresa viene cuando me piden el DNI. Entonces todo cambia por fortuna para mí, y dirigiéndose por mi nombre me dicen: Viene Ud solo Don…. A lo que añade: Veo que es Ud cliente.
Le explico que estoy de paso, mientras el chaval de recepción se deshace en atenciones mientras me felicita el año nuevo. La moto se queda en la calle aun que en un recinto cerrado que puedo ver desde mi habitación, cuando me dirigía a ella con ganas de tumbarme, de nuevo oigo al recepcionista, esta vez llamarme por mi apellido Sr…. Un momento. Tenía una funda de moto en la mano y me decía. La noche aquí es muy dura. Seria conveniente que echara esto por encima de su moto. Y así lo hice.
Tras dar una vuelta por el centro de Soria, verifique que todo estaba en su lugar. La ciudad seguía tan hermosa como siempre y entendí así, como se habían enamorado Bécquer y Machado de esta maravillosa ciudad.
Cogí de nuevo la moto, y mi última visita, al Duero y la Ermita de San Saturio,
De camino a casa comí, y apenas 6 horas después estaba de nuevo en mi sofá, con mi familia.
Esta es pues la crónica de un extraño viaje, que tal vez solo existió en mi imaginación
domingo, 1 de enero de 2012
El Extraño Viaje I
Me acomode y di dos golpes de “gas” a los que la moto respondió sin titubear. Salí de la gasolinera y cogí de nuevo la autovia rumbo al “Ragudo”. El que fuera un puerto de los mas temidos de por aquí, se había quedado en nada con esta espectacular autovia mudéjar. Me preguntaba donde habría ido a parar la “chica de la curva” que tanto habían situado en este puerto.
El entorno había cambiado, ahora era una impresionante recta con muchos carriles por los cuales ya circulaba algún coche. Supongo que irían a cenar al restaurante que habían reservado. O quizás a casa de unos amigos, o familiares. No se: Seguramente cada persona que viaja dentro de esos coches, tenga también su historia que contar
Seguía con buena media, la oscuridad me dejaba ver a la perfección el velocímetro bien iluminado, que nunca subía de 120 kmh,. Pero no bajaba de 100. La temperatura perfecta, el aceite, las revoluciones, lo único molesto el frió que cerca del limite de la provincia de Teruel, insistía en bajar la sensación térmica de mi cuerpo. El viejo truco del periódico estaba funcionado, los únicos perjudicados eran mis muslos, que se estaban acartonando por el choque directo con el aire frió..
En estas circunstancias no me quise acobardar, pensaba que cuando mas se metiera la noche mas frió haría, no iba a desistir ahora de mi aventura. Si volvía para atrás, perdería un tiempo, que yendo hacia delante me dejaría casi en Soria. Eso si: No seria el camino tan frió.
No podía ver la hora. El reloj estaba sepultado debajo de las mangas de la cazadora y el jersey, y sellado por los guantes así que desistí de mirarlo.
Tenia que parar, cierta necesidad fisiológica me decía que tenía que hacerlo. Encima el frió de la noche parecía como si la acentuase todavía mas. Pero no es fácil parar en una autovia, tenia que buscar una área de servicio y la encontré después de pasar Teruel, en le cruce de Albarracin. Me metí en el Polígono industrial la paz, y fui a parar a un lugar llamado las Ventas, donde vi un edificio que tenia un rotulo de cerveza “Skol” iluminado y parecía abierto. En la puerta, un coche de una empresa de seguridad y un par de camiones uno de gran tonelaje creo que Polaco, y uno pequeño con un rotulo que rezaba “Animales Vivos”. Allí deje la moto. Un poco separada para que fuera visible debajo de una farola. En el interior del pequeño restaurante, siete personas entre ellas dos guardias de seguridad, supongo que de servicio en alguna empresa del polígono cercano. Era evidente que allí no había cena de fin de año.
La gente se acumulaba en la barra y charlaban animadamente como esperando la hora de ir a cenar. O en su caso de terminar el servicio, como los de seguridad. Aun que el del pequeño camión, se iba a trabajar puesto que en un pueblo cercano, hacían vaquillas. Vaquillas que llevaba el en el camión. Me parecía pronto para cenar así es que después de visitar el lavabo. Me fui quitando capas, en el interior del local hacia calor, y mi cuerpo que venia del frió de la carretera, respondió inmediatamente al estimulo, de la vieja estufa de leña del local.
Seguimos una pequeña charla donde el de las vaquillas nos contó que trabajaba esa noche, yo pedí un pincho de tortilla de patata y un refresco de cola, quien sabe se podría parar a cenar esa noche, pero ahora me parecía pronto.
Me despedí, me abrigué, y salí del local. Antes de ponerme los guantes mire el teléfono y tenia una perdida. Era mi mujer, le llame, pregunte como iba todo y le dije que no se preocupara, que era una aventura que me hacia mucha ilusión.
El cielo estaba estrellado, la noche limpia dejaba ver a pesar de la luna, millones de estrellas, Entre ellas había algunas que destacaban por su brillo, debían ser planetas, que rebotaban la luz del sol. Lo que antiguamente llamaban luceros. Me impregne de aquella imagen, y la grabe en mi subconsciente. Imposible de ver por estas tierras, me volví a equipar y con un golpe de mi pulgar se puso la moto en marcha, y en busca de nuevo de la autovia.
Era cerca de las nueve de la noche, ahora si que era el único vehiculo que circulaba por aquella ruta. Se ve que los que tenían que salir ya lo habían hecho, la autovia discurre lejos de las poblaciones, pero en el inmenso llano se dejaban ver las luces de pequeños pueblos parpadeando. El velocímetro de mi vieja Honda parecia que se había atrancado en 120 kmh. Era necesario dar un poco de aire. Una vez llegados a Calamocha debía desviarme hacia Calatayud y aun que la carretera es buena, no es autovia. Al dejar la autovia me veía obligado a atravesar toda calamocha con lo cual pararla a cenar si es que encontraba algo abierto. Mi cabeza no paraba de pensar, eso hacia que sintiera menos el frio, era una locura. Una locura que me estaba gustando.
La gente: Ya en los restaurantes se quedaban mirando como pasaba desde las puertas de los restaurantes, donde salían para poder fumar. Un olor a leña. A carne asada, se colaban por los pasos de aire de mi casco abiertos. En definitiva olor a pueblo.
Había perdido ya la esperanza de cenar.. El pueblo acabo y fue cerca del cruce de Calatayud que veo un bar a la derecha. Tiene un gran parking pero apenas unos pocos vehículos. Entro decidido y aparco la moto delante de la puerta. El local no es muy grande pero son muy pocos los que allí están sentados cenando en silencio. En la barra dos camareros parece que están haciendo el relevo. Uno se va y el otro se queda. Parece que solo se quedan los servicios mínimos. Me siento y casi inmediatamente una chica joven, de apenas 20 años me canta el menú. Me ira bien Sopa de menudillos y codillo. Que mejor cena para una nochevieja…
Continuara









