viernes, 27 de abril de 2012

El Abuelo Vicent III

No se si contarte mas. Decía el abuelo Vicent. Supongo que ahora ya te debo aburrir por que todo lo que te pueda contar, tu ya lo sabrás, que los jóvenes sois muy listos.
Yo insistí que además de no ser tan joven, me interesaba especialmente su visión de la vida. Claro: entendí lo de joven puesto que el, es mas de 30 años mayor que yo, que se dice pronto.

Me decía que poco a poco fuimos progresando. Eso si a puro de trabajar. Tanto, que no se tenían horas. Bueno si. Apuntaba. Creo que en las fábricas la jornada era de 48 horas a la semana. Si querían hacer lo que decíamos “semana inglesa” era normal hacer 10 horas diarias, y además trabajar sábados por la mañana. Los sueldos no estaban ni de lejos como en los últimos años, comparativamente claro, además existía la posibilidad de trabajar en la modalidad de “destajo” que luego se perdió por completo. Ahora parece ser que la cosa ha vuelto a cambiar. Unos años atrás el que ganaba 1000 euros al mes le llamaban mileurista de manera despectiva. Hoy, por lo que se, ganar 1000 euros es todo un privilegio. Una prueba más que nosotros con nuestras leyes, y nuestros vicios, somos capaces de cambiar las cosas, que no quieren decir, ni valen lo mismo, según los tiempos que corren, o quien nos gobierna. Tampoco es nuevo, siempre ha sido así.
 
A principios de los 60 tuvieron que levantar la mano y dejaron pasar por alto cosas como utilizar el bikini en la playa. Los extranjeros venias y se dejaban buenos cuartos y empezaron a permitirles a ellos lo que jamás nos habían permitido a los “nativos”. Así pues entonces fue cuando se creo el mito, que África empezaba en los pirineos. Los extranjeros venían aquí a gastarse el dinero en vacaciones y a disfrutar del sol, de las tapas, y de trasnochar. Todo esto en su país no lo podían hacer. Aun hoy España sigue siendo el basurero de Europa, y algunas agencias de viajes, programan fines de semana es España donde el sexo, las drogas, y el alcohol, son su mayor atractivo. Harto estoy de verlo por la “tele” gente de despedida de soltero en Ibiza, borrachos o drogados. También en Benidorm, y últimamente Salou son objetivo de este tipo de turismo. Siempre qué las noticias sean verdaderas, si lo son, España sigue siendo el “corralito” de Europa, nos consideran como a un país tercermundista y así nos va. Toda esta gente que ves tan pasados en estas fiestas, en lunes vuelve a su país, se pone su traje y su corbata, y son honrados banqueros, funcionarios, o hasta políticos Para mi Gentuza, que vienen aquí a defecar y no tiran de la cadena. Pero bueno, supongo que también será culpa nuestra que siempre hemos vivido un poco de la caridad de Europa, y ahora mas que nunca. Después. Al revés, cuando los españoles salimos somos paletos…
Es la visión que tienen de nosotros en Europa.

Pero a lo que íbamos. Con todo aquello las fábricas empezaron a tirar, en esta zona fueron muchos los inmigrantes que vinieron de casi toda España, principalmente del sur. Todo iba bien los nubarrones de las “guerras” escampaban y el mercado desabastecido nos pedía incluso a nosotros, que por aquel entonces éramos la huerta de Europa con permiso de los Franceses. Yo seguía en lo mío, la agricultura, vinieron las nuevas tecnologías y me obligado a cambiar el caballo por el motocultor, que entonces con su remolque era el nuevo medio de transporte, Mas tarde y debido a que en las grandes capitales empezaban a funcionar los 600 ya en las capas medias del estatus social, me pude comprar un “Motocarro” que además de ser mas rápido ya iba equipado podía cargar el motocultor, y te podías guarecer en caso de una tormenta inesperada en medio del campo.
 
Empezó la maquinaria del consumo haciendo necesario todo aquello que salía al mercado, una de las primeras cosas en llegar a mi casa fue una lavadora BRU. Ya ves. Tenías que calentar el agua y frotar la ropa. Aquello lo único que hacia era dar vueltas. Después vino la televisión. Una televisión que casi era más cara, que cualquiera de las de ahora. En blanco y negro y solo con un canal. Cuando salio el UHF.  El técnico me tuvo que acoplar un aparato para poder verlo. Todo esto  era gracias a las letras. Letras de cambio una modalidad totalmente en desuso, que tampoco se muy bien como funcionaba  Yo me dedicaba a pactar una cantidad mensual con el vendedor y luego el me decía las mensualidades. Lo único que yo tenía en  cuenta era que el número de letras a la hora de firmarlas se acoplara a lo pactado, y no me colaran ninguna mas.

Con todo esto parece que tenías que vivir mejor. Pero no. Toda esta vorágine originaba que compraras más y por tanto tuvieras que trabajar más para poder pagarlo. Es decir primero por escasez, y después por abundancia me tocaba seguir trabajando de sol, a sol
 
Tenía al menos 40 años cuando me compre mi primer coche. Un Citroen AK furgoneta, pensando siempre en el trabajo. Con esto ya empezamos a salir y a veces con el coche lleno de tierra debido a mi trabajo, mi mujer, mi hijo pequeño, y yo, empezamos a descubrir la provincia. Tengo un especial recuerdo de un año que fuimos a un pueblo de Teruel invitados a las fiestas. De allí era un hombre que conocía. A mediados de agosto nos invito a las fiestas. Aquello estaba en el culo del mundo, y siempre recordare aquel mes de agosto por el frió que pase, Íbamos en manga corta y por la noche en el baile casi llegamos a 0º.
 
Me jubile con 65 años, pero hasta los 70 seguí yendo a cuidar la tierra de mi propiedad.
Luego una serie de circunstancias, y que mis hijos nadie quiso ser agricultor la fui vendiendo. Eran años de bonanza y en este país todos vivían como reyes. Se cambiaban el coche cada 5 años, y la vivienda muchos también la cambiaron completa, no hicieron ni mudanza. Es un ciclo más de la vida. Ahora estamos como estamos. Muchos se tienen que apretar el cinturón. Pero otros habrá que su primer recuerdo será la palabra crisis. Prima de riesgo, y cinco millones de parados, esto será su “pava” particular, la que cada día sobrevolara sus cabezas. Estos también como yo, y otros muchos más sobrevivirán a su guerra personal. Todo va cambiando y de esta vida te llevas bien poco solo los buenos recuerdos. Por que desaprovecharlos. Vivamos mientras podamos. Cuando nos tengamos que ir. Que sean solo los buenos recuerdos los que nos acompañen por el camino, y que los malos se queden aquí, en este mundo de locos.

A mis padres que coincidieron en mucho, con el mundo que le toco vivir al abuelo Vicent

domingo, 22 de abril de 2012

El Abuelo Vicent II

El tiempo pasa inexorable, y tal y como pasaban los años el Abuelo Vicent que nunca tuvo niñez empezó a tener otras aficiones además del trabajo. En domingo y con una bicicleta que compro de segunda mano a un estraperlista, iba allá donde se enteraba que había baile. La bicicleta era el vehiculo de lujo, puesto que para trabajar seguía con su caballo y su carro. Carro que también servia de transporte cuando el grupo de personas a desplazar era numeroso. Así es que con el carro, y la experiencia viajera del abuelo Vicent con el carro, era habitual irse a poblaciones cercanas en fiestas en busca de diversión, En el carro iban lo que todo hemos conocido como “La pandilla”.

Un grupo de amigas, y amigos que en aquella época y hartos de trabajar lo que mas les atraía era el baile con aquellas orquestas que tocaban canciones de Glenn Miller o Benny Goodman auténticos ídolos de los años cuarenta, y cuya música hacia bailar aquella juventud que como todos los jóvenes, se sentían inquietos y con ganas de vivir. Y de bailar, cosa que asegura el abuelo Vicent se le daba muy bien.

Pero como he dicho el tiempo no daba tregua y el abuelo Vicent se fue ha hacer el servicio militar. Me contaba que tuvo mala suerte le toco en Mahon y casi no vino en toda la mili. Tres años de mili al final de la 2ª guerra mundial que le hicieron recordar de nuevo cuando el era pequeño. Me contaba que recordaba unos barcos de nacionalidad Italiana que se refugiaron en el puerto huyendo de los aliados. Y que a los marineros mucho más jóvenes que ellos, casi niños, les dieron una seria de privilegios que ellos siendo soldados de España, no tenían. Ellos pasaban hambre mientras que los soldados Italianos, les sobraba la comida. Otra cosa que aun dice no entender después de tantos años. Un buen día y como por arte de magia, los soldados Italianos desaparecieron. Unos decían que los habían hecho presos. Otros que habían vuelto a Italia. El caso es que no estaban y aquellos Barcos quedaron allí en el puerto como un testigo mudo de otra “machada” de algún loco. De lo que había sucedido en Europa y que nosotros, la verdad casi ni nos enteramos. La única diferencia es que los barcos ahora estaban atados por gruesas cadenas con unos candados además de las “maromas”. Pasado un tiempo vinieron mas barcos, ahora Ingleses, y sin entrar a puerto fondeados a la entrada, unos soldados se desplazaban en barcazas, y se encargaban de desmontar todas las armas de los barcos Italianos. Allí no había horario, y muchas veces al pasar por delante, nosotros de paseo, los veíamos con potentes sopletes de corte. No tuvimos ningún trato con ellos, no cruzamos una palabra, solo alguna mirada. Una vez todo desmontado los vimos alejarse por el horizonte remolcados por los barcos Ingleses. Y ahí. Casi coincidiendo con ese hecho, acabo mi mili. Decía el abuelo Vicent.

Después de la mili España seguía avanzando a paso lento y cansino. Desde el resto del mundo no nos llegaba nada. No se si como boicot a nuestro régimen político. O que quizá el resto de Europa tampoco estaba para mandar nada, es algo que tampoco he tenido nunca claro. Afirmaba el abuelo Vicent

Se empezaba a ver alguna moto. Rodaban algunas BSA provenientes del ejercito Ingles, y alguna BMW del ejercito Alemán. También rodaban las Sanglas, y mas tarde las Villof y otras motocicletas fabricadas de manera artesanal en todas las regiones de este país. Los chasis eran verdaderas obras de arte pues al no tener acero. Se las ingeniaban como podían, fundiendo otras cosas e incluso de “chapa” enrollada. Con el tiempo y el motor Hispano Villers adelantaron bastante, y aun que el motor era común para muchas marcas España llego a tener muchas motocicletas de fabricación propia, aun que algunos fabricantes apenas fabricaron 50 unidades.

Con todo esto yo me compre una Moto Guzzi Hispania 65 y me monte en la modernidad. Aun seguía utilizando el carro para tareas agrícolas y para transportar naranja desde el campo hasta el almacén donde le exportaban, era mi medio de vida aun que a veces también como antes de la mili servia de vehiculo para la pandilla.Fui de los que se casaron mayores para mi época, pero al final llego. Llego la novia, y posteriormente la boda con 29 años. Después de casado Las cosas seguían difíciles. Me fui a vivir a casa de la suegra por que mi mujer era hija única, y seguía trabajando y al terminar la jornada tenia que ir al huerto de la familia a cuidarlo y cultivar algunas hortalizas para casa. En aquel tiempo hice de todo trabaje en la recolección de naranjas, que a veces cambiaba por picar piedra, en la transformación de nuevas fincas de regadío, todo dependía como se pagara, y la necesidad del momento. También anduve un tiempo con una empresa de Valencia haciendo prospecciones para pozos de riego, pero además que no se pagaba muy bien, era un trabajo tremendamente aburrido y de muchas horas,

Así trascurrió mi vida. Decía el abuelo Vicent. Ahora a mi edad parece que fue ayer. Todo paso alegrías y penas, que poco, a poco se fueron convirtiendo en recuerdos, y por supuesto que algo aprendimos de todo aquello. Nunca trabaje en ninguna fábrica cuando todos se pegaban por ir. Siempre fui persona de “aire libre” y siempre repetí que si naciera un millón de veces. Un millón de veces seria agricultor. Frase que mis hijos me reprochan cada vez que la digo.

Los hijos también merecen un capitulo aparte. Tengo tres todos casados y algunos con nietos. Es decir biznietos míos. El que más problemas me dio fue el mayor. Aun estaban las cosas difíciles cuando vio al mundo, y además tuvo una infancia un poco delicada en cuanto a salud se refiere. El más pequeño sin embargo creció fuerte, sano y bien alimentado. Parece mentira en esos pocos años lo que cambio la vida. En aquel periodo que empecé a tener hijos por la falta de una seguridad en el trabajo decidí ir a pedir trabajo en un pantano cercano que estaban construyendo. El pantano es una obra de ingeniería envidiable. Aun hoy esta como el primer día. Es algo a caballo entre una obra hidráulica. Y una pirámide egipcia con piedra tallada milimétricamente en su presa.Me dio muy mala impresión ver la manera en que se trabajaba allí. Aun que tenían mucha maquinaria desconocida para mi, trabajaban duro durante muchas horas. Había un grupo de gente que se llevaba la peor parte. Luego unos años después me entere que eran presos políticos haciendo trabajos forzados. Todo esto 20 años después de que acabara la guerra civil. Estas circunstancias de trabajo no me gustaron, aun que como he dicho en su momento no sabía que eran presos, así es que no me decidí ni siquiera a hablar con el encargado.

jueves, 19 de abril de 2012

El Abuelo Vicent I

Esta mañana he hablado con el Sr. Vicente. El abuelo “Vicent” que es como le conocen en el lugar. El abuelo Vicent ya es muy mayor pero a pesar de todo tiene unos recuerdos lucidos, precisos. A sus 80, y muchos años es todo un honor hablar con el, y esta mañana me explicaba, y me convencía que no hay que asustarse, que no hay que parar nunca. Que las cosas vienen, y van, y pasan. Nunca se quedan, que a veces el sufrimiento es difícil de llevar pero siempre hay alguna alegría que por momentos te hace olvidar la dureza de la vida, y te la hace más llevadera. Me contaba que sus primeros recuerdos de niño era el ruido de la “Pava”. La pava era como le llamaban a los bombarderos “Junker Alemanes” y que el escuchaba cada día pasar por encima de su cabeza para bombardear Por la zona de Valencia. Recuerda de manera imprecisa por que era muy pequeño que vivía en el campo, entre huertos de naranjos, y que alguna vez se tuvieron que esconder en la escalera de caracol de un pozo de riego para refugiarse de los bombardeos. También recuerda cuando volvió a su casa, Una casa que apenas conocía por el tiempo que estuvo deambulando por casitas de campo. Casitas donde guardaban los aperos sin ningún tipo de comodidad. Claro esta que el siempre dice que entonces fue mas fácil acostumbrarse, por que en casa también se guisaba con leña, y ni de lejos había las comodidades que hay ahora.

Recuerda que la parte sur de su pueblo por donde entro al acabar aquella guerra, que él tacha de guerra de locos, estaba llena de escombros, No sabe precisar si eran de casas caídas. Pero recuerda perfectamente que las casas estaban todas atravesadas por agujeros que pasaban de una a otra, y que los soldados habían hecho para entrar en el pueblo sin ser vistos, o quizás para refugiarse del fuego enemigo. Otra palabra absurda. Según el Abuelo Vicent. ¿Enemigo de quien? ¿Enemigo el Vecino? Hay cosas que confiesa que ni siquiera aun hoy, después de tantos años y con su edad, llega a comprender.

Cuando llego a una casa que le dijeron era la suya, fue todo un descubrimiento, no la conocía, o no se acordaba. Me contaba que lo que mas le intrigo fue subir las escaleras por que del campo, de donde venían, las casitas de aperos eran todas de planta baja. La cocina, el establo, el patio, y un granero encima hecho para guardar las hortalizas que podían, para pasar el invierno. Todo era nuevo para el. Recuerda a su madre llorar y a su padre triste. En la casa apenas quedaba nada, la habían saqueado. Apenas unas sillas y prendas de ropa hechas jirones, junto con excrementos, y otros desechos, se encontraban por toda la casa. Parece ser que allí unos soldados tuvieron su “cuartel” durante un tiempo. Arriba en el granero se encontró algunas balas, junto con una careta antigas. También había un machete, que su padre le llamo bayoneta, y un bidón pequeño. De los que llevaban en zurrón el ejército alemán para guardar la munición. Todo este pequeño tesoro del horror, aun asegura el abuelo Vicent, que esta guardado por su casa en algún sitio.

El tiempo fue pasando y fue duro, Después de unos días de ordenar la casa, limpiar, y recoger algunos muebles, que familiares y amigos les daban, se instalaron en casa. Siendo un niño recuerda que iba cada día a un huerto propiedad de su padre a ayudar las tareas del campo se comía de lo que se sembraba, no había mas, el pan era de maíz y parecía de serrín. No paso mucho que se reanudaron las clases, y su padre le obligo ir a la escuela. También fue duro por que compaginaba la escuela, con el trabajo en el campo, y apenas supo leer y escribir, su padre se hizo con un carro y tres caballos y pronto se vio abocado a la carretera, Con trece años, el abuelo Vicent. Entonces el niño Vicent. Marchaba cargado de naranjas a más de cien kilómetros de su pueblo. Imaginaros eran tres jornadas o más de viaje, de ida. Y otras tres de vuelta, haciendo noche en las hospederías del camino. Me comentaba que en ese tiempo vio de todo salía al amanecer con dos caballos de enganche, y uno de refresco detrás, que solo enganchaba en las cuestas cuando había que tirar de verdad. Con muy poca luz aun, a veces veía que los caballos resoplaban y se escoraban a un lado del camino. Era una muestra evidente que en la cuneta había alguien. Pero no era alguien vivo. Era alguien que apenas hacia unas horas que habían ajusticiado y lo habían dejado en la cuneta. A veces era uno. Otras más. Hasta 7 llego a ver. Eran los restos de una guerra estúpida, y que alguien se empeño en crear vencedores y vencidos, cuando realmente perdimos todos creando odio entre hermanos. Una estupidez que ahora algunos se empeñan en defender de nuevo, Clasificando muertos. Algunos aun se encuentran en las cunetas donde el abuelo Vicent los vio, mientras que otros. Sus nombres figuran aun en alguna placa a la puerta de alguna iglesia. Que tendrán que ver si son muertos. Es que nunca vamos aprender.

Aquello duro algún tiempo, a veces cuando bajaba procuraba no hacerlo nunca de vacío. Traía cáscara de almendra, cañas, y siempre que podía, metía harina o aceite escondido. Era tiempo de “estraperlo” Muchas fueron las veces que me pararon, contaba…

Al principio soldados, luego la guardia civil. Nunca tuve problemas, nunca me registraron. Aun que si que vi dar alguna paliza a hombres hechos y derechos por llevar un “pellejo” de aceite en la bicicleta. Después de darle una paliza allí misma donde se ensañaban, se lo llevaban al cuartelillo. No pensaban que podía tener una mujer y unos hijos esperándole, y quizás con aquella acción no solo les quitaba el sustento, si no también el padre a unos hijos, y el marido a una mujer. Pero era igual era enemigo de la patria ¿de que patria? Yo como era un niño de catorce años resultaba gracioso y a veces hasta bromeaban conmigo. Yo me hacia el tonto y les dejaba que se burlaran de mi. Lo importante era que no metieran la mano entre las cañas que llevaba en el carro.

Conforme se fueron normalizando las cosas, seguía el Abuelo Vicent, se acabo el transporte. Mi padre logro vender dos caballos para tareas agrícolas, y solo nos quedamos con uno. Con este me dedicaba a labrar campos, y demás tareas propias de la agricultura. Era habitual en aquellas fechas, encontrar algún proyectil en el campo labrando, y lo vendía. Así es, que viendo que ahí podía sacar dinero, junto con un amigo mió, ya fallecido, en cuanto podíamos nos íbamos a las trincheras a buscar balas. La verdad es que se pagaban bien y si encontrabas algún nido de ametralladoras con el latón que había en el suelo, en diez minutos te habías sacado un sobresueldo. Lo malo de este tema es que había trincheras donde no se había vuelto desde la guerra y a veces te encontrabas con algún cadáver. Bueno o lo que quedaba de el. Otras veces veías montones de piedras donde los mismos compañeros habían enterrado a sus muertos antes de marcharse, incluso una vez vimos en medio de la montaña una señora muy arreglada, de capital, que andaba con dos personas contratadas, desenterrando restos, y una tercera persona miraba la dentadura. Era el dentista de su hijo, el cual jamás apareció después de la contienda, y que la señora, como toda madre buscaba con desesperación sin saber siquiera si estaba allí, aun que según nos contó por allí andaba la ultima vez que supo de el. Fueron días muy duros pero la cartilla de racionamiento daba para poco y había que sacar de donde fuera. Poco alimentados nos tocaba trabajar de sol a sol. Es lo que me toco vivir, concluia el abuelo Vicent

viernes, 9 de marzo de 2012

Señales Divinas

No es que crea especialmente en las señales divinas, Pero si las hay, esta mañana he tenido una. Venia de dar mi paseo matutino de costumbre y por aquellas cosas de la vida he cambiado el trayecto. He decidido venir por una de las arterias principales de mi ciudad, y que la atraviesan de norte a sur. En pleno centro veo acercarse una persona que identifico como un antiguo compañero de trabajo Hacia posiblemente más de 15 años que no le veía. No es de esta ciudad, y esa fue la causa que se fuera de aquella empresa, buscando un trabajo más cerca de su domicilio. Apenas tendría 20 años cuando se fue hoy esta casado y con dos hijos, según me ha contado el mismo.

Muchas han sido las cosas que hemos recordado. También hemos hablado de la gente que por aquel entonces trabajaba en aquella empresa, y que alguna por circunstancias de la vida ya nos dejo. También me ha recordado, todo lo que hacia, el en su juventud, y que yo me veía obligado a ponerle freno, en mas de una ocasión. El tiempo que hemos estado hablando nos ha pasado volando, pero a el su trabajo actual le reclamaba y estaba claro que un momento determinado deberíamos acabar la conversación.

Estando animadamente charlando en un cruce, se para en el semáforo un autobús y suena un claxon. Era el autobús que hace la línea desde la población de este chico, con la capital. Mi sorpresa ha sido al ver el conductor. Otro chico que también trabajó conmigo, y que dejo la empresa después que yo. Por la ventanilla nos ha dicho. -Bajaría pero no puedo. El semáforo se ha puesto verde, y con otro toque de claxon se ha ido mientras nos saludaba con la mano.

El conductor del autobús curiosamente es de la misma población que mi interlocutor. Yo desconocía que tuviera carné pasa conducir autobuses por eso ha sido aun mayor mi sorpresa. A este ultimo hace menos que le vi, puesto que ya he contado que me fui yo antes de la empresa. No obstante el vivir en una población vecina que no frecuento hace que tampoco le hubiera vuelto a ver hasta hoy.

Hemos seguido con la charla y me ha dicho que los motivos por los cuales, el actual conductor del autobús se fue de la empresa, fueron que le exigieron demasiado. Era un tipo que tenia un puesto de alguna responsabilidad, con gente a su cargo. Llegaron los primeros recortes y le fueron quitando personal de su sección, obligándose el, a ir también a veces en sábado y domingo, para asi suplir con horas la falta de personal y poder sacar el trabajo adelante. Tanto apuraron que al final, además de responsable era el brazo ejecutor del trabajo de su sección, por que apenas le dejaron personal, con lo que se vio agobiado y después de algunas diferencias con la dirección de la empresa lo dejo.

Cuando nos hemos despedido estábamos totalmente actualizados de la situación de cada uno de nosotros, y naturalmente con un montón de recuerdos en la mente de una época que no se si fue mejor, o peor. Pero desde luego fue diferente.

No se si existen la señales divinas. Pero si existen sin lugar a dudas esta es una de ellas Quizás me quiera decir algo el destino. En cualquier caso siempre resulta gratifícate un acontecimiento así, que me hace enfrentarme al día con un humor, y una visión de lo cotidiano diferente. Si desde luego es una señal y algo tiene que ocurrir aquí estaré para escribirlo.


lunes, 2 de enero de 2012

El Extraño Viaje (desenlace)

Había silencio en el local tan solo se oía el golpeteo de los cubiertos, o el vapor de la cafetera calentando leche. La gente estaba muy diseminada por el amplio comedor y casi todos solos, casi nadie iba acompañado, clara muestra que estaban allí por obligación, o por trabajo. Quizá hubiera un loco como yo, que empleara esa noche para correr una aventura. Eso jamás lo sabré.

Me Salí un poco del guión, y me estaba tomando un vasito de tinto. Pensaba que me reconfortaría, además que con la carne va bien, y no había visto ni un control. Ni siquiera un Guardia Civil desde que había salido de casa. No quise comer aprisa., ya me era igual. Posiblemente llegaría a Soria el año que viene,
Nunca había parado tanto en un viaje a Soria. Cuando iba con el coche solía hacerlo una vez para estirar las piernas, claro que esta vez las circunstancias eran distintas.
Me tome el postre del menú nocturno. Un flan de huevo. Al café casi mecánicamente sacaron un platito con unos polvorones, la poca luz del local y los adornos navideños dejaban aquel restaurante de carretera anclado en el pasado, finales de los 70 quizás. Parecía que estaba viviendo en otro tiempo. Una realidad paralela
Después de relajarme un rato pedí la cuenta. Todo un lujo, pagué con dinero, y aun me sobro de lo que llevaba en metálico. Un segundo café en la barra me ayudaba a mentalizarme para salir de nuevo al frió de la noche con la moto.


En la calle volví a mirar al firmamento para actualizar la imagen que tenia retenida. Los astros habían cambiado de posición, pero seguían brillando más si cabe. Los “luceros” estaban ahí ayer, y el año pasado. Y seguirían estando mañana, y el año que viene. Que más da si el tiempo es un invento del hombre.

Recién cenado, parecía sentir menos el frió, así pues momentáneamente reconfortado y antes de empezar mi marcha di un vistazo al depósito de gasolina, mi moto no lleva “chivato” y no quisiera quedarme tirado en mitad de la noche.
Arranque de nuevo y estaba tan cerca del desvió que enseguida me vi rumbo a Calatayud. Es una carretera con buen firme y ancha, pero solo con un carril para cada dirección. En esta carretera es difícil encontrar algún vehiculo, por lo que tratándose de la hora, y la fecha que era, esta vez mas que difícil seria imposible.
La oscuridad de la noche se podía cortar con un cuchillo y aunque las rayas de la carretera respondían muy bien a la luz, que diferente es viajar en moto.
Mi cabeza no para de pensar, de imaginar, mientras el sórdido ruido de la moto llega amortiguado hasta mis oídos a través del casco, sonando como un zumbido monótono.
Todo esto no ocurre con el coche, te pones la radio y la calefacción y es otra cosa, pero claro la moto es la moto y los que la amamos sabemos lo que se siente, por otra parte la ventaja es que es mucho mas difícil quedarse dormido conduciendo.
El velocímetro pasa un poco de 100 kmh, se que estoy infringiendo la ley pero creo que quizá no sea cierto ya que los velocímetros siempre van un poco adelantados, además no es excesivo para la hora ni el lugar. Por esta carretera atravieso algún pueblo, alguno muy pequeño. Pueblos que parecen fantasmas, ni una luz en las ventanas ni nadie en sus calles.

A partir de Vilafeliche y Montón. Todos los pueblos llevan el Apellido “Jiloca” excepto Maluenda. Fuentes de Jiloca, Velilla de Jiloca, y así, hasta Paracuellos de Jiloca, donde me desvió ligeramente hacia Calatayud. La verdad es que este tramo me ha parecido muy corto y rápido, quizás se deba a la energía que me dio la cena. Pronto tengo delante mió las luces de Calatayud una ciudad grande. Al cruzarla veo poca gente, aun que alguien si que parece que va hacia casa con la familia, casi todo lo que veo lo identifico como familias. También algún coche se cruza en mi camino, y todos se quedan mirando atónitos. No es muy normal una moto a estas horas de la noche, el mes de diciembre, y menos el 31.


Estoy a punto de salir de Calatayud, y me paro en una gasolinera a llenar el depósito de nuevo por si acaso. Me meto en la tienda a coger un botellín de agua, me lo pide la cena. Junto al dependiente un guardia de seguridad que me mira perplejo, es la última etapa de viaje, un tramo muy parecido al último que he recorrido, pero ya entre llanuras, y con una vía de ferrocarril estrecha, ya en desuso, que discurre paralela, y que me acompañara hasta el final de mi recorrido.

Llego a mi destino rozando las 00 horas del día 1 de enero. Cojo la carretera de Zaragoza donde a unos 3 kilometra antes de llegar a Soria, se encuentra un hotel conocido para mí. En este hotel ya he estado varias veces con la familia, y ahí voy. Delante: Al otro ladode la carretera de Zaragoza un complejo con restaurante y discoteca. Hasta las puertas de hotel llegan los gritos, la música, y la algarabía propias de un fin de año. En recepción dos personas de cara al televisor, se comen las dos últimas uvas. Al volverse me ven con el casco en la mano y su caras parecen haber visto un fantasma. Les pido si por favor es posible pasar la noche. O lo que queda de ella. Al mirar en el ordenador me dicen que si. La sorpresa viene cuando me piden el DNI. Entonces todo cambia por fortuna para mí, y dirigiéndose por mi nombre me dicen: Viene Ud solo Don…. A lo que añade: Veo que es Ud cliente.
Le explico que estoy de paso, mientras el chaval de recepción se deshace en atenciones mientras me felicita el año nuevo. La moto se queda en la calle aun que en un recinto cerrado que puedo ver desde mi habitación, cuando me dirigía a ella con ganas de tumbarme, de nuevo oigo al recepcionista, esta vez llamarme por mi apellido Sr…. Un momento. Tenía una funda de moto en la mano y me decía. La noche aquí es muy dura. Seria conveniente que echara esto por encima de su moto. Y así lo hice.

Después de ver un poco la tele me dormí. A la mañana siguiente, alrededor de las 10 desayune, y me volví a subir a la habitación para darme una ducha caliente antes de partir, Hacia las 12 de mediodía partía hacia Soria. Aparque en el centro. A pesar de ser 1 de enero la gente andaba de tapeo, es una costumbre muy Soriana. Hacia un día limpio y radiante, y el sol calentaba mucho la espalda en mi cazadora de cuero negra.


Tras dar una vuelta por el centro de Soria, verifique que todo estaba en su lugar. La ciudad seguía tan hermosa como siempre y entendí así, como se habían enamorado Bécquer y Machado de esta maravillosa ciudad.

Cogí de nuevo la moto, y mi última visita, al Duero y la Ermita de San Saturio,
De camino a casa comí, y apenas 6 horas después estaba de nuevo en mi sofá, con mi familia.


Esta es pues la crónica de un extraño viaje, que tal vez solo existió en mi imaginación

domingo, 1 de enero de 2012

El Extraño Viaje I

La moto ronroneaba como incitándome a arrancar. No obstante antes me ajuste el casco y los guantes, y decidí ponerme los pantalones dentro de la botas, cualquier rendija por donde se metiera el viento y alcanzara mi carne desnuda, me podía causar una sensación térmica poco deseada. Me puse una “braga” alrededor del cuello para que me diera calor, y abrí los pasos de aire del casco. Quizá mas adelante los tuviera que cerrar, pero con el frió del ambiente y mi respiración corría el riesgo que se empañara la visera.
Me acomode y di dos golpes de “gas” a los que la moto respondió sin titubear. Salí de la gasolinera y cogí de nuevo la autovia rumbo al “Ragudo”. El que fuera un puerto de los mas temidos de por aquí, se había quedado en nada con esta espectacular autovia mudéjar. Me preguntaba donde habría ido a parar la “chica de la curva” que tanto habían situado en este puerto.
El entorno había cambiado, ahora era una impresionante recta con muchos carriles por los cuales ya circulaba algún coche. Supongo que irían a cenar al restaurante que habían reservado. O quizás a casa de unos amigos, o familiares. No se: Seguramente cada persona que viaja dentro de esos coches, tenga también su historia que contar


Seguía con buena media, la oscuridad me dejaba ver a la perfección el velocímetro bien iluminado, que nunca subía de 120 kmh,. Pero no bajaba de 100. La temperatura perfecta, el aceite, las revoluciones, lo único molesto el frió que cerca del limite de la provincia de Teruel, insistía en bajar la sensación térmica de mi cuerpo. El viejo truco del periódico estaba funcionado, los únicos perjudicados eran mis muslos, que se estaban acartonando por el choque directo con el aire frió..

En estas circunstancias no me quise acobardar, pensaba que cuando mas se metiera la noche mas frió haría, no iba a desistir ahora de mi aventura. Si volvía para atrás, perdería un tiempo, que yendo hacia delante me dejaría casi en Soria. Eso si: No seria el camino tan frió.

No podía ver la hora. El reloj estaba sepultado debajo de las mangas de la cazadora y el jersey, y sellado por los guantes así que desistí de mirarlo.
Tenia que parar, cierta necesidad fisiológica me decía que tenía que hacerlo. Encima el frió de la noche parecía como si la acentuase todavía mas. Pero no es fácil parar en una autovia, tenia que buscar una área de servicio y la encontré después de pasar Teruel, en le cruce de Albarracin. Me metí en el Polígono industrial la paz, y fui a parar a un lugar llamado las Ventas, donde vi un edificio que tenia un rotulo de cerveza “Skol” iluminado y parecía abierto. En la puerta, un coche de una empresa de seguridad y un par de camiones uno de gran tonelaje creo que Polaco, y uno pequeño con un rotulo que rezaba “Animales Vivos”. Allí deje la moto. Un poco separada para que fuera visible debajo de una farola. En el interior del pequeño restaurante, siete personas entre ellas dos guardias de seguridad, supongo que de servicio en alguna empresa del polígono cercano. Era evidente que allí no había cena de fin de año.
La gente se acumulaba en la barra y charlaban animadamente como esperando la hora de ir a cenar. O en su caso de terminar el servicio, como los de seguridad. Aun que el del pequeño camión, se iba a trabajar puesto que en un pueblo cercano, hacían vaquillas. Vaquillas que llevaba el en el camión. Me parecía pronto para cenar así es que después de visitar el lavabo. Me fui quitando capas, en el interior del local hacia calor, y mi cuerpo que venia del frió de la carretera, respondió inmediatamente al estimulo, de la vieja estufa de leña del local.


La gente me miraba extrañada. Sobre todo cuando me vieron sacar el periódico, que al mismo tiempo fue la causa de entablar conversación, ya que el dueño del bar que aproximadamente era de mi edad me dijo: Buen sistema. El de toda la vida, y siguió diciendo. Cuando era joven yo lo usaba mucho por aquí, tenia una derbi y nos rodábamos todos los pueblos, con una cazadora de pana y el periódico. Después al ver el escudo de mi club en la cazadora, dijo: Castellón. ¿Vas o vienes?. A lo que le conteste: Digamos que estoy a mitad de camino.

Seguimos una pequeña charla donde el de las vaquillas nos contó que trabajaba esa noche, yo pedí un pincho de tortilla de patata y un refresco de cola, quien sabe se podría parar a cenar esa noche, pero ahora me parecía pronto.
Me despedí, me abrigué, y salí del local. Antes de ponerme los guantes mire el teléfono y tenia una perdida. Era mi mujer, le llame, pregunte como iba todo y le dije que no se preocupara, que era una aventura que me hacia mucha ilusión.

El cielo estaba estrellado, la noche limpia dejaba ver a pesar de la luna, millones de estrellas, Entre ellas había algunas que destacaban por su brillo, debían ser planetas, que rebotaban la luz del sol. Lo que antiguamente llamaban luceros. Me impregne de aquella imagen, y la grabe en mi subconsciente. Imposible de ver por estas tierras, me volví a equipar y con un golpe de mi pulgar se puso la moto en marcha, y en busca de nuevo de la autovia.

Era cerca de las nueve de la noche, ahora si que era el único vehiculo que circulaba por aquella ruta. Se ve que los que tenían que salir ya lo habían hecho, la autovia discurre lejos de las poblaciones, pero en el inmenso llano se dejaban ver las luces de pequeños pueblos parpadeando. El velocímetro de mi vieja Honda parecia que se había atrancado en 120 kmh. Era necesario dar un poco de aire. Una vez llegados a Calamocha debía desviarme hacia Calatayud y aun que la carretera es buena, no es autovia. Al dejar la autovia me veía obligado a atravesar toda calamocha con lo cual pararla a cenar si es que encontraba algo abierto. Mi cabeza no paraba de pensar, eso hacia que sintiera menos el frio, era una locura. Una locura que me estaba gustando.

Casi sin darme cuenta llegue a Calamocha, deje la autovia y empecé a cruzarla poco, a poco por la antigua carretera. Era yo el único vehiculo que circulaba.

La gente: Ya en los restaurantes se quedaban mirando como pasaba desde las puertas de los restaurantes, donde salían para poder fumar. Un olor a leña. A carne asada, se colaban por los pasos de aire de mi casco abiertos. En definitiva olor a pueblo.

Había perdido ya la esperanza de cenar.. El pueblo acabo y fue cerca del cruce de Calatayud que veo un bar a la derecha. Tiene un gran parking pero apenas unos pocos vehículos. Entro decidido y aparco la moto delante de la puerta. El local no es muy grande pero son muy pocos los que allí están sentados cenando en silencio. En la barra dos camareros parece que están haciendo el relevo. Uno se va y el otro se queda. Parece que solo se quedan los servicios mínimos. Me siento y casi inmediatamente una chica joven, de apenas 20 años me canta el menú. Me ira bien Sopa de menudillos y codillo. Que mejor cena para una nochevieja…

Continuara

sábado, 31 de diciembre de 2011

El Extraño Viaje

Se presentaba una nochevieja extraña, era sábado. Ya por la mañana mi mujer y yo habíamos ido a comprar para su madre. La idea era ir a cenar a su casa ya que la mujer estaba bastante delicada del corazón, y un catarro de ultima hora había complicado las cosas.

Llegados a casa desde el “súper” mi mujer marcha con la compra a casa de su madre con la promesa que volverá para comer conmigo, y descansar un poco en casa. Nuestros hijos estaban los dos con los amigos con quienes pasarían la noche, y el día de año nuevo. La oportunidad de descanso pues, era de oro.
Pasaba ya de la una del mediodía, y mi mujer no aparecía. Me parecía raro, pero pensé que quizás estaría adelantando la cena de la noche, que aun que no iba a ser ninguna cosa extraordinaria, si que se saldría un poco de las cenas habituales.

Era mas de las una y media cuando sonó el teléfono, lo cogí y era mi mujer. Me comento que su madre se había acostado que el resfriado lo tenia bien cogido y aun que no parecía grave, me invito a ir a comer por que ella no vendría.
Le conteste que no se preocupara que yo me arreglaba y que nos veri amos a la noche. Preferia quedarme tranquilo en casa.

Esta situación me obligo a cambiar todos mis planes, de pronto pensé que iba a coger la moto, la limpiaría y me iría a dar una vuelta que falta le hacia. Pero no: Donde iba yo a las dos de la tarde. Claro era el día que era. Era nochevieja y no estaba la calle muy animada. Tenía hambre, así que busque en la nevera y con unas patatas, un huevo, y unas varitas de merluza tenia el tema solucionado, pensando que inmediatamente después de comer sacaría mi vieja moto. Vieja pero honrada. Muy honrada.

Eran casi las tres cuando termine de comer. Así pues recogí todo y arregle el pequeño desaguisado que había organizado con la preparación de la comida. Después me prepare un café soluble, lo lleve a la salita, y en el sofá me dispuse a tomarlo. Me tape con una manta, y entre la soledad, el calor de la manta, y los problemas de sueño que tengo, me queda completamente dormido. Entre neblinas del ojo entre abierto, me pareció ver las 16,45, pero parecía que no daba crédito. No podía ser tanto rato durmiendo.
Pero si: La taza de café completamente frió, y el sol dorado que veía por la ventana indicaban que era tarde. Debía estar ya bajo el sol, por que daba en lo más alto del edificio de enfrente, y proyectaba unas sombras alargadas. Me levante para calentar el café, y volví de nuevo. Antes de tomar el café llame a mi mujer, que al otro lado del auricular decía que a su madre le había bajado un poco la fiebre y se había quedado dormida. Que estaba cansada, y que seguramente esa noche se iba a quedar allí. Que lo mejor seria congelar lo poco que tenia preparado para la cena, y que comeríamos cualquier cosa. Entonces le dije que no. Que tranquila que yo me arreglaría como hasta ahora. Que mi iba a dar una vuelta con la moto, y no sabia ni que haría después.

Mierda!!. El café de nuevo frió. Como no acababa de estar al 100%. Decidí ducharme, me afeite, y volví a dejar el cuarto de baño limpio. Era lo menos que podía hacer para no dar mas trabajo. El café lo tire directamente, y decidí salir antes que fuera mas tarde a tomarme uno. Era noche cerrada ya aun que apenas eran las 19.00h.. En esto pensé.
¡¡ La moto!! Baje al garaje la limpie. Volví sobre mis pasos, y Pronto estaba de nuevo delante de mi vieja maquina, equipado convenientemente. Seguro que esta nochevieja seria diferente a todas las que había pasado hasta ahora…

Después de arrancar me fui a buena marcha dirección sur. Cuando me quise dar cuenta estaba en la autovía mudéjar dirección Teruel. El frió empezaba a notarse en mi pecho. Así es que en Segorbe me pare a tomarme ese café que se me resistía desde las tres de la tarde. Al tratarse del día que era no había apenas trafico, lo que me permitía coger una buena media sin estorbos y sin luces de cara, que hacia que la luz de mi vieja Honda fuera mas que suficiente en una noche, que aun que con luna. Se veía negra como la economía mundial.


No fue fácil encontrar un bar. Los restaurantes ultimaban detalles para la cena de fin de año, y los pequeños bares ya habían cerrado. Pero siempre se encuentra algo y al final me metí en un bar. Estaba yo solo, el dueño estaba recogiendo, creo que el camarero era el dueño y se apiado de mi. Me dio un café, y un poco de conversación mientras seguía barriendo el suelo. El pobre hombre al verme equipado y con el casco en la mano pensó, cosa que veo lógica. Que me iba a mi casa. Supongo que por aquello de vuelve a casa por navidad. No tenia ni idea que iba totalmente en dirección contraria. Le pedí un periódico viejo que me puse en el pecho, aunque la cazadora es buena nunca esta de mas ser precavido, cuando se viaja rumbo a Teruel.

Al llegar a la moto y antes de hacer comprobaciones. Saque mi teléfono móvil y le llame a mi mujer. Todo iba bien hasta que le comente donde estaba. Entonces se mostró un poco perpleja, pero cuando le dije que iba a pasar una nochevieja diferente me dejo hacer., en 27 años nunca había tenido problemas. No los iba a tener ahora.

Después de comprobar como andaba de dinero. Dinero poco. Solo 60 euros, y por que habíamos ido de compras y me había quedado yo con el. Menos mal que llevaba las tarjetas. Después comprobé la Gasolina, y claro estaba seco. Esto fue mas fácil por que al salir de Segorbe en dirección Teruel, me tope con una gasolinera, grande, iluminada. Como un oasis en el desierto, y toda para mí.

Tras llenar el deposito hasta el borde decidí a donde ir. Tenia muy claro que algún día quería ir allí con la moto. Soria. Claro que no pensaba que serien invierno, y de noche. Y mucho menos el dia de nochevieja, Pero tenia mono, hacia mas de 5 años que no iba, y nada ni nadie me iba a volver atrás.

La suerte estaba echada.


Continuara